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El mercado de deuda y la crisis económica

 

El mercado de deuda y la crisis económicaComprar deuda ha sido siempre un buen negocio, incluso en periodos de crisis. El mercado de deuda no suele ser visible a ojos del ciudadano, ni siquiera del deudor al que no hay obligación legal de comunicarle que su crédito ha cambiado de mano, que será otra persona o entidad la que se ocupe de gestionar el cobro.

Normalmente suele enterarse de esos cambios porque de pronto le llega una carta o un requerimiento distinto, con un encabezamiento o membrete distinto en el que con amabilidad pero con contundencia se le advierte de que los pagos pendientes se habrán de hacer a otra cuenta o de otro modo. A veces, ni tan siquiera se produce esta comunicación ya que el viejo acreedor sigue apareciendo formalmente como reclamante. Gestiona formalmente el cobro aunque otra persona le haya adelantado parte del dinero. De ese modo, la venta del crédito no tiene que pagar impuestos.

Las entidades financieras, las grandes empresas, incluso pequeños negocios acuden a estos instrumentos para conseguir liquidez inmediata y evitar lo costoso o enojoso de perseguir morosos. Hay razones contables que justifican e incentivan este tipo de transacción: una empresa que tiene un cliente moroso termina por tener que provisionarlo, es decir, hacer constar en sus balances que ese crédito no se puede cobrar. Por lo tanto, una vez provisionado cualquier ingreso, cualquier pago parcial se recibe como agua de mayo a efectos contables. Hace daño en el primer ejercicio, en el que se produce la morosidad, pero, una vez provisionado, es posible su venta o su cesión.

Puede que lo escrito hasta ahora resulte un poco críptico, pero con un ejemplo sencillo se comprende perfectamente. Una persona debe, supongamos, 100.000 euros que ha de pagar antes de noviembre. Acude a su acreedor para pedirle una moratoria en el pago, un aplazamiento o un perdón y el acreedor pone el grito en el cielo porque contaba con cobrar esa cantidad en su balance. Por eso durante octubre, noviembre y diciembre puede que incluso presente una demanda reclamando el pago. Llegado el 31 de diciembre, si no ha cobrado, en su balance lo tendrá que provisionar --más todavía si es una entidad financiera--. Por lo tanto, deja de tener un ingreso y pasa a tener un cargo o gasto; por eso, a partir de enero del ejercicio siguiente, es más receptivo a pagos aplazados, incluso a una quita de un 10%, o al perdón de intereses. Si el crédito es incobrable, lo arrastrará ejercicio tras ejercicio en su balance. Por lo tanto, si al cabo de unos años llega un comprador de créditos y le ofrece 20.000 euros de los 100.000 debidos, seguro que estará encantado de venderlo.

Traslademos este ejemplo a la situación actual de crisis y pongamos dos o tres ceros a la derecha de nuestro crédito. Pongamos que, además, algunos de estos créditos se remontan al inicio de la crisis, a 2008. En esta situación, se entiende que algunos paquetes de créditos morosos o perjudicados puedan venderse por un 10% o un 15% de su valor. Quien los compra no suele ser un buen samaritano, ni mucho menos. Asume que puede que alguno de los acreedores no le pague nunca pero al que consiga cobrar le sacará un rédito impresionante, ya que normalmente a la deuda principal le aplicará intereses y gastos.

Cuando se analiza el papel del Sareb, del banco malo, debe tenerse en cuenta que no es sino un instrumento de institucionalización de esta transmisión de crédito. El Sareb asume los créditos morosos de entidades financiera, aplica una quita o reducción de entre un 20% a un 60% y mantiene a la entidad financiera en la gestión del cobro, la entidad recibe el pago de la cantidad, elimina de su balance la carga de ese crédito y, en su día, el Sareb, cuando cobre el 100% del crédito o venda el inmueble en garantía, recuperará lo adelantado.

Los llamados fondos buitres se ocupan también de comprar créditos a veces dando menos de un 10% de su valor. Una entidad financiera que hubiera dado un préstamo hipotecario a pagar en 30 o 40 años, teniendo en garantía un piso que se ha devaluado en ocasiones hasta un 60%, que no está en buen estado y que tardará años en revender, recibe estas ofertas encantado de sacudirse todos los problemas que le conlleva la morosidad. Los fondos de alto riesgo suelen ser pacientes y saben que en esos paquetes de incobrables puede encontrar algunas joyas --si compra todos los créditos pendientes de una empresa puede llegar a controlar la compañía por un precio irrisorio--, o puede especular ejecutando los créditos y recibiendo los bienes del deudor --que sigue debiendo el 100% y no sabe que se ha vendido su crédito-- por un precio irrisorio.

El Código Civil español permite sin problemas que un acreedor venda su crédito a un tercero sin notificárselo al deudor. Es una regla del juego. El deudor debe igual sea X o Y quien haya de cobrar, no tiene medios para entrar en los acuerdos entre X e Y.

En el contexto de crisis se plantean algunas dudas jurídicas y éticas referidas por una parte a la opacidad con la que pueden producirse algunas de estas transmisiones para eludir el pago de impuestos. En muchas ocasiones, al deudor sí le interesa saber a quién debe ya que hay acreedores más condescendientes que terminan por olvidarse del crédito o, sencillamente, desaparecen. Los compradores de créditos suelen ser muy agresivos con sus morosos. Por otra parte, sorprende que un acreedor esté dispuesto a vender un crédito moroso por el 10% de su valor y, sin embargo, no esté dispuesto a hacerle una rebaja similar a su deudor.

De nuevo, un ejemplo: imaginemos que una persona ha pedido un préstamo de 200.000 euros para comprar una vivienda en la que piensa instalarse con su familia. Imaginemos que esa persona pensaba pagar el préstamo constituyendo una hipoteca por la que asume pagar durante 30 años 600 euros al mes, contando para ello con su salario y el de su pareja. Si esa persona pierde su empleo y lo pierde su pareja seguramente no podrá pagar el préstamo hipotecario, que será ejecutado. Imaginemos que quien ha concedido el préstamo con garantía hipotecaria descubre que no podrá cobrarlo en un plazo razonable y que el piso ya no vale los 200.000 euros de la tasación, sino 80.000 euros, y, además, hay que pagar gastos de comunidad, impuestos y hacer reparaciones por valor de 20.000 euros más cuando lo recupere. Lo normal será que ese acreedor se olvide de su garantía y tenga la tentación de vender o transferir su crédito para que sea otro quien asuma riesgos. Puede que ese acreedor, si lleva tres años intentando cobrar ese crédito y tiene otros 2.000 más similares, termine por pensar que es una buena opción la de vender ese crédito por 40.000 euros y olvidarse del moroso, del piso y de la ejecución. Podemos considerar que este es un caso de laboratorio para no herir susceptibilidades. Surge sólo una duda: ¿Estaría ese acreedor dispuesto, antes de vender el crédito a un fondo de alto riesgo, a ofrecer a su deudor una rebaja de un 60% de la deuda? Es decir, conformarse con recuperar 80.000 euros de ese deudor y perdonarle lo demás, ocupándose el deudor de pagar los impuestos, los gastos de comunidad y adecentar el piso.

La fluidez con la que se están produciendo ventas de crédito contrasta con la poca voluntad de implantar el derecho a la segunda oportunidad y la rebaja de la deuda de los particulares por medio de la condonación.

*José María Fernández Seijo
Magistrado 
Titular del Juzgado Mercantil Número 3 de Barcelona 

 

Fuente: http://www.economiadigital.es/es/notices/2013/03/el_mercado_de_deuda_y_la_crisis_economica_39213.php

 
 

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