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Vengador moderno: hizo que el call center le pagara por llamarlo

 

Hizo que el call center le pagara por llamarloEntrada la noche, usted se relaja en el sofá disfrutando de una buena película en un momento de relax tras un duro día de trabajo. Los niños duermen ya y se acomoda entregándose de lleno a la trama del film. Sin embargo, la estridencia del teléfono acaba bruscamente con la calma en el hogar. De un salto lo descuelga y al otro lado de la línea escucha: "Buenas noches señor Rodríguez, le habla Yasmine y vengo a proponerle una mejora de las condiciones de su línea de teléfono".

Esta situación es, por desgracia, cada vez más habitual. Las grandes firmas cuentan con todo un ejército de teleoperadores -buena parte de ellos subcontratados en el extranjero- que no dudan en mostrar su tenacidad y correoso carácter a la hora de vender todo tipo de productos y servicios. El "no" no les sirve como respuesta y muchos usuarios asisten entre indignados y resignados a estas interrupciones a cualquier hora del día o la noche. Sin embargo, un ciudadano británico ha decidido que ya era suficiente y ha encontrado una solución definitiva a su problema: facturar al molesto operador por su tiempo perdido. Y ha ganado.

Todo comenzó cuando Richard Herman, un hasta ahora anónimo ciudadano del sur de Inglaterra, comenzó a recibir llamadas de un teleoperador ubicado en el extranjero que le proponía la contratación de un seguro. Las llamadas se sucedieron y no bastaba con que nuestro protagonista rechazara la oferta e insistiera en que no le llamaran. Aquello no parecía tener fin. De nada pareció servir estar inscrito en Telephone Preference Service por el que cualquier usuario puede solicitar no ser contactado por empresas con las que no haya tenido ningún tipo de relación.
 
El acoso continuó y el pasado mes de julio en una de esas múltiples llamadas, solicitó presentar una reclamación, al tiempo que grababa la conversación. Tras pasar por varios operadores e interminables minutos de espera, su llamada concluyó de nuevo en el Reino Unido en la firma PPI Claimline. Nuestro hombre habló claro: "No quiero que me vuelvan a llamar más, y si lo hacen, les facturaré 10 libras por cada minuto de mi tiempo perdido".

Herman colgó convencido de que su contundente amenaza surtiría efecto. Pero no. Al cabo de unos pocos días se reanudó la pesadilla y continuó el bombardeo de llamadas. Resuelto en sus intenciones, este ultrajado consumidor volvió a solicitar en una de las llamadas que el operador le pasara con la firma matriz, algo que le llevó 19,5 minutos, según su registro. "Les voy a facturar este tiempo perdido", espetó. Acto seguido, confeccionó la correspondiente factura y la envió a la firma. Callada por respuesta.

Herman no se amilanó y envió de nuevo la factura, aunque ahora con acuse de recibo. En esta ocasión sí hubo respuesta y fue para informarle de que PPI Claimline no contaba a Herman como contacto en su base de datos, sino que había adquirido esta información a empresas de marketing que a su vez, utilizan ’call-centers’ ubicados en el extranjero. Evidentemente, quedaba claro que no iban a pagar la factura.

Así que nuestro hombre se presentó en los tribunales factura en mano y con las grabaciones probatorias. No fue necesario ni celebrar un juicio. La firma pagó religiosamente el importe indicado por el asediado más 25 libras por las costas del proceso. PPI Claimline declinó hacer declaraciones, pero publicó un comunicado en el que se disculpaba públicamente por el acoso sufrido por este aguerrido consumidor. El británico, por su parte, se muestra pletórico: "Me entusiasma saber que no tengo que resignarme a ser una víctima, y que puedo defenderme de ellos", declaró.

Por José Mendiola

 

 
 

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